Fernando Navarrete: sinónimo de mar y esfuerzo

Don Fernando fue el precursor de ese linaje pescador que aún hoy perdura. Duro y de mal genio, el hombre supo conquistar con esfuerzo el corazón del Ensanche Sur y criar una familia con espíritu luchador, acostumbrado a pelear contra temporales en el mar y carencias en tierra. "Cuando papá decía tiráte, había que tirarse, diera el agua donde diera y aunque hiciera cinco grados bajo cero", recuerdan sus hijos, todos pescadores. Aquellas salidas costeras en los botes a remo eran para los más chicos toda una aventura y para el padre la forma de llevar un peso al hogar.

A pocos metros de la orilla, pero lo suficientemente profundo como para asegurar buenas capturas, los Navarrete remaron a lo largo de toda la parte norte del golfo San Matías. A medida que fueron creciendo, los hijos de Don Fernando fueron dejando los botes para incorporarse a los barcos. Uno de ellos murió junto a Don Valentín Galdo en el San Cayetano. Creo que ahí papá empezó a dejarnos recuerda su hijo Pitino, quien sabe que esa tragedia fue imposible de superar para Don Fernando.

Hace un año, Hugo "Kayaca" Navarrete, otro de los hijos pescadores salió a caminar como siempre por la costa. Fue hacia „La Amarra‰, aquel sitio inolvidable donde su padre dejaba el bote. Su corazón que había dado algunas señales de alerta meses antes, eligió ese momento y ese lugar para detenerse para siempre.

"Pitino" pelea con algunos achaques, pero Juan Domingo no descansa y sigue a bordo de las lanchas. Otro hermano es patrón de pesca en Chubut, mientras que de la tercera generación casi todos son pescadores. Como si un poco de sal mezclada en su sangre corriera por sus venas.

El mar es su vida y en él se desenvuelven quizá mejor que en tierra firme. "El Chelo", hijo de "Kayaca", a sus treinta años fue recientemente protagonista de un hecho inolvidable. En el rescate del rompehielos Almirante Irizar, cuando navegaba a bordo del Magritte, un buque pesquero que se acercó a auxiliar a la nave incendiada de la Armada, Marcelo Navarrete tuvo que tirarse al agua para salvar a un comandante de la embarcación insignia que no podía trepar desde la balsa salvavidas al pesquero local.

Fue un instante, un segundo, una reacción. Tal vez la imagen de su padre soñando en "La Amarra", de su abuelo capeando temporales en el bote, o de su tío viendo al San Cayetano tumbarse sin previo aviso, se le habrán cruzado como en secuencia y tal vez le hayan obligado a actuar antes que el mar, siempre hermoso pero traicionero, se llevara consigo otra vida sin dejar nada a cambio.