Nélida Galdo

Desde siempre, tal vez desde antes de tener memoria, pintaba lo que veía. De niña el mar fue su inspiración y lo pintó con colores verdes y azules, lleno de tonalidades y de vida. Pero el destino quiso que de golpe el golfo perdiera sus matices.

Sin anuncio, se evaporaron los azules al cielo, volaron los verdes a los árboles y el mar, ese mar colorido de otros tiempos, se apagó y adquirió el tono siena que desde entonces caracteriza su obra.

Nélida Galdo vivió su vida ligada al mar. Su abuelo recorría a caballo las calles de la ciudad vendiendo el pescado que capturaba en botes a remo. Y su padre, Valentín Galdo, pescó en esta agua desde pequeño hasta que una tragedia le dijo basta. El 5 de mayo de 1969, su barco ˆel San Cayetano- dio vuelta de campana pocas millas al sur de Las Grutas y murieron allí sus cinco tripulantes. Entre ellos don Valentín.

Por esos tiempos, su hija Nélida empezaba a dedicarse de lleno a la pintura. "Desde ese día no pude pintar más el mar con colores vivos", asegura con mirada retrospectiva. Intimamente parece reclamárselo, como si fuera una problema a superar.

Sin embargo, la calidad de su obra, la profundidad de sus paisajes y la emoción que ofrendan sus barcos y su mar, teñidos de sombras ocres y luces terracotas, le otorgan a su arte un estilo inconfundible.

Fue alumna de destacados maestros de arte en su paso breve por Mar del Plata. Desde hace décadas Nélida transmite lo aprendido a pupilos que intentan emularla. Su atelier, inundado de risas de niños y aires marinos, es un oasis de arte en el centro de la ciudad. Y su casa, repleta de los cuadros que ha gestado a lo largo de los años, se ha transformado en una galería para recorrer y emocionarse. Se ha dicho mil veces que las tragedias marcan a los grandes artistas. Nélida Galdo es sin dudas el más claro ejemplo en el ámbito local de cuánto hay de cierto en ello.