¡Qué alegría me da tener cada día más comentarios y sugerencias de parte de los lectores! Especialmente cuando se trata de notas que afectan diariamente a las personas y que pocas veces son debatidas desde los grandes medios de comunicación. El domingo La Nacion publicó una nota sobre el aumento de iniciativas que pretenden tomar conciencia sobre el uso de las bolsas de polietileno.
Una de las respuestas que recibí fue de la Cámara Argentina de la Industria Plástica que sostiene que no es el plástico o el polietileno lo que contamina, sino que son las personas. Transcribo uno de los párrafos de la carta que me enviaron: “La ”contaminación ambiental…” a la que hace referencia (por la nota) es “visual” ya que los plásticos son inertes. No contaminan la tierra ni el agua. Los residuos no desaparecen “mágicamente” del paisaje, una vez que son arrojados en la vía pública por la mala conducta de los ciudadanos“.
FlickrCC yamakazz
Aunque es discutible esta afirmación podría tomarse como válida. Nada por sí solo es contaminante, o lo es, según como se lo mire. Si, por ejemplo, citamos el informe que el Programa de Naciones Unidas para el Ambiente, sobre algo así como el top ten de los residuos hallamos que: hasta el 80% de la basura recogida en algunas de esas áreas (los océanos) correspondió a bolsitas de plástico delgado (como las de los supermercados) y botellas del plástico denominado PET, dos artículos característicos de la vida urbana que infectan los mares y amenazan la vida precisamente en el mismo lugar donde se habría originado. Según explica el informe, los plásticos se van desintegrando en trozos pequeños que, con distintos compuestos tóxicos adheridos, ingresan en el organismo de animales marinos que los confunden con alimentos. Otro estudio, realizado en fulmares, ave de la familia de los petreles, descubrió que el 95% tenía trozos de plástico en su estómago. En otras regiones, hasta el 40% de la basura correspondió a paquetes de cigarillos.
Según la CAIP, “los materiales para cualquier aplicación, bolsas de comercio o para el envasado en general, deben ser seleccionados de acuerdo al mérito basado en un Análisis del Ciclo de Vida (ACV) que es la técnica más moderna para evaluar comparativamente el impacto ambiental de distintos materiales. No es correcto asumir que los materiales plásticos biodegradables tienen per se preferencia con respecto al medio ambiente”.
Y agrega: “la educación ciudadana para colocar los residuos dispuestos para tal fin, y la eliminación de los basureros a cielo abierto podrían ser parte de la solución de los residuos dispersos”.
En la Legislatura porteña se debate un proyecto para que se disminuya la cantidad de bolsas que se entregan en los comercios en la ciudad. Y en la provincia de Buenos Aires ya rige una ley que obliga a reemplazar las bolsas de polietileno por otras de material biodegradable.
¿Qué piensan que podría funcionar para que tomemos conciencia del daño que provoca la desaprensión ciudadana? ¿Es fundamental el cambio de material o sólo basta con educación?
Leer la nota en el blog:
http://blogs.lanacion.com.ar/ecologico/caminando-la-ciudad/devolve-la-bolsa/
Laura Rocha
Trabaja desde 2002 en LA NACION. Es redactora especializada en temas de la Ciudad y de Ambiente. Fue distinguida por ADEPA en la categoría Ecología y Medio Ambiente. Es miembro de la Asociación Argentina de Periodistas Ambientales